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Pacific Palisades, de ícono del sueño americano a zona de destrucción por los incendios

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CAFÉ DIARIO, ESTADOS UNIDOS (AFP). – El devastador incendio que comenzó el pasado martes en Los Ángeles ha reducido a cenizas más de 8,200 hectáreas y ha convertido el exclusivo barrio de Pacific Palisades en una zona de desastre. Mansiones multimillonarias, vehículos de lujo y la vida de miles de familias han quedado destruidos, dejando atrás un paisaje ennegrecido que contrasta con el idílico estilo de vida que una vez simbolizó este vecindario.

Alexei y Tatyana, residentes del condominio en la avenida Sunset, regresaron por primera vez a su hogar tres días después del incendio, solo para encontrarlo reducido a escombros. «Pensamos que nuestra casa estaría segura, viviendo al lado de una estación de bomberos», lamentó Alexei.

Ambos estaban de viaje por Europa cuando las llamas consumieron su vivienda de tres pisos, llevándose consigo todas sus pertenencias. «En una noche prácticamente hemos perdido todo», expresó.

En contraste, algunas viviendas vecinas permanecen intactas, un recordatorio de la imprevisibilidad del fuego impulsado por los fuertes vientos.

Pacific Palisades, conocido por sus residentes acaudalados y vistas espectaculares al océano, ahora luce como una escombrera de ruinas. Vehículos calcinados, avenidas sin suministro eléctrico, árboles arrancados de raíz y viviendas carbonizadas componen el sombrío panorama.

Tatyana recuerda con nostalgia los atardeceres que contemplaba desde su casa, con vistas al muelle de Santa Mónica y el lujo de Malibú, también parcialmente arrasado por las llamas. «Aquí vivías la vida perfecta americana: casas preciosas, patios, familias ideales. Todo eso se ha perdido», afirmó.

El alto valor de las propiedades en Pacific Palisades, que oscilan entre 10 y 50 millones de dólares, ha atraído a saqueadores en medio del caos. La Policía ha arrestado a varias personas acusadas de ingresar en propiedades evacuadas o destruidas para hurtar objetos de valor.

Los toques de queda nocturnos buscan frenar estos delitos, pero el barrio enfrenta un largo camino hacia la recuperación.

A medida que los bomberos trabajan para controlar las últimas llamas, el barrio permanece teñido de tonos grisáceos y negros, con alarmas sonando de fondo y columnas de humo elevándose en el horizonte.

Para Alexei, Tatyana y miles de residentes, el futuro es incierto. «Aquí ya no queda nada», concluyen, mientras abandonan un lugar que alguna vez representó el esplendor del sueño americano y ahora enfrenta la dura realidad de reconstruir desde las cenizas.

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